Preguntas

¿Trabajan con abogados o asesores?

En paralelo, nunca en su lugar. Nuestro trabajo acompaña el de sus profesionales; no lo sustituye ni interfiere con él.

El orden correcto, siempre

Si una situación tiene una dimensión jurídica, médica o financiera, el profesional correspondiente debe intervenir antes. No después, no en paralelo desde el principio: antes.

No lo decimos por prudencia. Lo decimos porque es así como funciona: un conflicto societario que nunca se ha llevado a un abogado no es un caso para nosotros, es un caso para un abogado. Un insomnio que nunca se ha consultado con un médico es un caso para un médico.

Una parte importante de las solicitudes que declinamos son exactamente eso — y lo decimos con claridad, aunque la persona esté dispuesta a pagar.

Qué hacemos entonces

Llegamos cuando esos profesionales ya han hecho su trabajo, lo han hecho bien, y algo sigue sin resolverse. El acuerdo se firmó correctamente y la relación se rompió igual. Los números eran correctos y la operación salió al revés por tercera vez. Los informes no encuentran nada y la persona sabe que algo no va.

Ahí es donde estamos. Y ahí, nuestro papel es acompañar una decisión, no dictarla.

Lo que no hacemos nunca

  • No decimos si un contrato es válido, ni cómo debe redactarse.
  • No opinamos sobre un tratamiento, un diagnóstico ni una medicación.
  • No recomendamos comprar, vender ni conservar ningún activo.
  • No contradecimos a un profesional delante de su cliente.

Cuando alguien nos pide una de esas cuatro cosas, la respuesta es siempre la misma: no es nuestro terreno, y quien le diga lo contrario le está exponiendo.

Por qué esto le protege

Un profesional que acepta cualquier encargo no está siendo generoso: está siendo comercial. En un terreno como este, aceptar todo es la primera señal de alarma.

Si su situación pertenece a otro, se lo diremos en la primera conversación. Le ahorrará tiempo, y probablemente dinero.

Si su situación lo requiere, preséntela.

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