Consultoría esotérica privada: qué es y qué no es

Una consultoría esotérica privada es un servicio confidencial, basado en la percepción sensitiva y el trabajo energético, para personas que afrontan una situación de peso en su empresa, su patrimonio o su vida privada. Se consulta cuando sus abogados, asesores y médicos ya han hecho su parte y algo sigue abierto. No es asesoramiento jurídico, financiero ni médico, no pertenece al entretenimiento y no se cobra por minuto. Empieza con una conversación en la que se escucha y se evalúa, y que termina en un sí o en un no motivado; si es sí, el alcance del trabajo y su importe quedan fijados antes de empezar.

En resumen

  • Es un trabajo de naturaleza esotérica que se presta en privado, a pocas personas y siempre a partir de una situación real con algo en juego: una empresa, un patrimonio familiar, un nombre o una decisión.
  • No sustituye al abogado, al asesor fiscal, al notario ni al médico: ellos intervienen primero, y la consultoría discurre en paralelo, nunca en su lugar.
  • Se distingue del entretenimiento y de las líneas de pago por minuto en tres puntos: parte de un caso concreto, empieza con una evaluación que puede acabar en un no y tiene un importe cerrado, fijado de antemano.
  • La confidencialidad depende de la organización y no de la buena voluntad: dos personas, sin secretaría, sin fichero de clientes y sin testimonios publicados.
  • Una práctica seria se reconoce por lo que puede comprobarse antes de pagar: el precio dicho de antemano, la capacidad de decir que no, la ausencia de prisa y la derivación al profesional competente cuando el asunto le corresponde a él.
En este artículo
  1. Una definición en tres palabras
  2. ¿Sustituye a un abogado, a un asesor o a un médico?
  3. ¿En qué se diferencia del entretenimiento o de una línea de pago por minuto?
  4. ¿A quién se dirige una consultoría esotérica privada?
  5. ¿Cómo se desarrolla una consulta, paso a paso?
  6. La confidencialidad, en la práctica
  7. ¿Cómo se reconoce una práctica seria?
  8. Preguntas frecuentes

Una definición en tres palabras

La expresión reúne tres palabras que rara vez se leen juntas, y cada una fija un límite preciso. Tomadas por separado, dicen casi todo lo que conviene saber antes de escribir a nadie.

Consultoría

Consultar es exponer una situación concreta a alguien para que la examine. La palabra supone un marco: quien consulta explica lo que vive, quien escucha evalúa si puede aportar algo, y todo lo que viene después —qué se hará, durante cuánto tiempo y por qué importe— se acuerda antes de empezar. Un trabajo así tiene un principio y un final, y los dos se conocen de antemano.

Supone también un reparto de papeles que no admite dudas. Vender o conservar, firmar o esperar, hablar o callar son decisiones de quien consulta, antes, durante y después. El trabajo acompaña esas decisiones; no las toma por nadie.

Esotérica

La palabra viene del griego, donde significaba «interior», y ha conservado ese sentido de lo reservado, de lo que no se expone. Designa la naturaleza del trabajo, que pertenece al terreno de la percepción sensitiva y de lo que la tradición llama trabajo energético.

En Lex Fati lo ejercen dos personas. Tony Alcalá practica desde 1978, se formó en Alemania y recibe en español, alemán e inglés; Patty García trabaja desde la percepción sensitiva y recibe en español. El método se explica a quien consulta, en privado y antes de que pague nada: es a esa persona a quien corresponde entenderlo y aceptarlo.

Privada

Privada quiere decir que la consulta ocurre entre quien la pide y quien la atiende, y que no sale de ahí. No hay secretaría que reciba los mensajes, ni equipo que comparta el expediente, ni intermediario que resuma el caso a otra persona. Su situación la conocen Tony Alcalá y Patty García, y nadie más.

Quiere decir también que sigue siendo privada después, sin plazo. En este terreno, la reserva forma parte de la definición; cómo se sostiene en la práctica lo explicamos más abajo.

¿Sustituye a un abogado, a un asesor o a un médico?

No, y el orden importa tanto como la frontera. Cuando una situación tiene una dimensión jurídica, fiscal, financiera o médica, interviene primero el profesional correspondiente: el abogado para los contratos y los conflictos, el asesor fiscal y el contable para las cifras, el notario para las herencias y los inmuebles, el médico para todo lo que toque a la salud. No después, ni a la vez desde el principio: antes.

Lo aplicamos al pie de la letra: un conflicto entre socios que nunca ha pasado por un abogado es un caso para un abogado, y una cuestión de salud es asunto de un médico, en todos los casos. Buena parte de las solicitudes que declinamos son exactamente eso, y lo decimos con la misma claridad cuando la persona está dispuesta a pagar.

Por la misma razón, hay cosas que una consultoría esotérica seria no hace en ningún caso. No dice si un contrato es válido ni cómo debe redactarse. No recomienda comprar, vender ni conservar un activo. No se pronuncia sobre nada que afecte a la salud. Y no contradice a su abogado, a su asesor ni a su médico: si algo de lo que le dicen le parece dudoso, la vía es la opinión de otro profesional de la misma materia.

Su lugar está al lado, y casi siempre después. Cuando los profesionales han hecho su parte, y la han hecho bien, a veces queda algo que ninguno de ellos tiene por oficio atender: el peso de sostener en solitario algo que no se puede contar, o una decisión que nadie puede tomar por usted. Cada uno tiene razón en lo suyo, y el conjunto no funciona.

Por eso hablamos de trabajar en paralelo, nunca en su lugar. Nadie deja de ver a su abogado, a su asesor o a su médico porque nos consulte, y lo que cuenta a cada uno, y también si les dice o no que nos consulta, lo decide usted. Dónde está exactamente esa frontera lo desarrollamos en la nota Donde termina el abogado.

¿En qué se diferencia del entretenimiento o de una línea de pago por minuto?

Bajo la palabra «esotérico» se ofrecen cosas muy distintas, y una parte pertenece al entretenimiento: se consulta por curiosidad, por juego o por compañía, y al terminar no hay nada que decidir. Es un uso tan legítimo como cualquier otro, pero es otra cosa.

Una consultoría privada parte siempre de una situación real, con algo verdadero en juego: una empresa, un patrimonio familiar, un nombre expuesto, una decisión que pesa. Por eso empieza con una evaluación, y por eso puede terminar en un no. Quien escribe por curiosidad, sin un caso concreto, recibe esa respuesta con la misma cortesía que cualquier otra persona.

Las líneas de pago por minuto responden a otra lógica, y conviene mirarla con frialdad. Lo que se cobra es el tiempo: cuanto más dura la llamada, más se factura, y quien más necesita hablar es quien más paga. Nada en ese modelo invita a decir que no, a enviar a alguien a su médico o a su abogado, ni a aconsejar unos días de reflexión antes de volver a llamar.

Una consultoría privada funciona al revés. No hay contador por minuto, ni tarifa por llamada, ni suplemento por urgencia. Cada importe se fija una sola vez, después de conocer el caso y antes de cualquier intervención, y no cambia con la duración de las conversaciones ni con el estado de ánimo de quien consulta. En ¿Cómo se factura? explicamos cuándo se comunica y qué incluye.

¿A quién se dirige una consultoría esotérica privada?

A personas que tienen mucho en juego y poco margen para hablar de ello: empresarios y fundadores, familias propietarias de una empresa o de un patrimonio, personas cuyo nombre es conocido. Casi siempre han visto ya a sus abogados y asesores, y han llegado a un punto en el que lo que queda abierto ya no es técnico.

Las situaciones cambian de una persona a otra, pero tienen un aire de familia. Un fundador que se acerca a los setenta, en cuya mesa nadie pronuncia la palabra «sucesión»; un patrimonio que pasa a una generación que ya no conoció a quien lo construyó. Una venta, una asociación o una retirada que cuadra sobre el papel y lleva meses sin decidirse. Una serie de reveses que inquieta más por su acumulación que por cada uno de ellos; una persona muy expuesta que no puede contar lo que atraviesa sin que acabe circulando.

Lo que comparten es menos visible que el asunto. Los profesionales ya han intervenido; la decisión, o su peso, sigue ahí; y el círculo de personas con quienes hablar se ha ido cerrando, porque en la empresa todos dependen de quien decide y en casa contarlo es preocupar a quien no puede hacer nada. Es la situación que describimos en Nadie con quien hablar.

Hay también momentos en los que no es la vía. Si vence un plazo legal o hay una urgencia médica, la prioridad es el profesional correspondiente. Si la prisa manda y hace falta una respuesta esta misma semana, lo habitual es que la decisión todavía no esté tomada, y en ese estado no se trabaja bien; por eso declinamos los casos urgentes, como explicamos en la nota La prisa es una señal. Y si lo que se busca es un espectáculo, la respuesta también es no.

¿Cómo se desarrolla una consulta, paso a paso?

El recorrido es corto y siempre el mismo. Cada paso tiene una función, y ninguno obliga a dar el siguiente.

El primer contacto

Empieza con un mensaje por WhatsApp o con una llamada. En español le responde Patty García; en alemán o en inglés, Tony Alcalá. No hay formulario largo: bastan unas pocas preguntas breves o un mensaje directo. Presentar su situación no cuesta nada ni le obliga a nada.

Lo que conviene tener presente antes de escribir cabe en tres líneas: la fecha aproximada en que empezó lo que le ocupa, lo que ya le han dicho sus profesionales y, si existe, la decisión que tiene delante. Si alguna de esas tres cosas no está clara, también es información.

La escucha

Usted cuenta lo que quiera contar, en el orden que prefiera. Nuestra primera pregunta casi nunca trata del problema en sí; suele ser «¿desde cuándo?», porque la fecha en que algo empezó dice a menudo más que la descripción entera. No hace falta llevar pruebas ni documentos: una situación contada con sus dudas basta para empezar.

La evaluación

Con lo escuchado evaluamos si podemos aportar algo a su situación, y se lo decimos con claridad. Si la respuesta es no, la oye en esa misma conversación y con el motivo: porque su asunto corresponde todavía a un abogado o a un médico, porque la decisión todavía no está tomada, o porque no es algo que podamos atender personalmente. No hay lista de espera ni versión reducida del servicio.

Si la respuesta es sí

Se acuerda una primera consulta privada, en el idioma y el horario que le convengan. Esa consulta es de pago, y su importe, que depende de la naturaleza del caso, se lo comunica directamente Tony o Patty después de haberlo conocido, nunca antes. Si a continuación hay un trabajo, cuatro puntos quedan acordados antes de empezar:

  • qué se hará exactamente y durante cuánto tiempo;
  • el importe, cerrado y sin añadidos posteriores;
  • si hace falta desplazamiento, y en qué condiciones;
  • cómo se le informará, y con qué frecuencia.

Nada se pone en marcha hasta que esos cuatro puntos están claros para las dos partes. Durante el trabajo le atiende la misma persona de principio a fin; nos desplazamos a cualquier país si la situación lo pide, o le recibimos si lo prefiere, y una parte puede hacerse a distancia. En ¿Qué ocurre antes de aceptar un caso? está el detalle de cada paso.

La confidencialidad, en la práctica

En un trabajo así, la discreción es la condición para que alguien se decida a escribir. Por eso no descansa en la buena voluntad, sino en la manera en que el trabajo está organizado.

Somos dos, sin secretaría ni asistentes, y nadie más lee sus mensajes. Fuera de lo que la normativa de facturación obliga a conservar, no existe fichero de clientes, ni lista, ni contactos con nombre completo en el teléfono, porque lo que no se archiva no puede filtrarse: ni por un error, ni por un ataque informático, ni por un heredero que abre una carpeta años después. La web no almacena las solicitudes: el formulario abre directamente una conversación privada.

Hacia fuera, el silencio es completo. Ningún caso se publica, ni siquiera con los datos cambiados, y ninguna relación profesional se confirma ni se desmiente ante nadie, salvo obligación legal. Cuando nos desplazamos no hay membrete, ni tarjeta, ni motivo declarado; para una persona muy expuesta, el lugar y la hora del encuentro forman parte del caso y se cuidan igual que el resto.

Esa elección tiene un coste que asumimos: no podemos presentarle a nadie que haya estado en una situación parecida a la suya. Lo que sí puede comprobar es que le responde una persona y no una centralita, y que es la misma en la segunda conversación. El razonamiento completo está en la nota Por qué no guardamos ningún nombre.

Una parte de la discreción depende de usted. Escriba desde un teléfono y una cuenta que solo usted consulte, no guarde notas sobre el asunto en carpetas compartidas de la empresa y decida de antemano si alguien de su entorno debe saber que consulta, y quién.

¿Cómo se reconoce una práctica seria?

Es un terreno donde abunda el abuso, y quien consulta suele hacerlo en un mal momento. Conviene, por tanto, fijarse en lo que puede comprobarse antes de pagar, y no en lo que cada cual dice de sí mismo.

La primera señal es el precio: se dice antes, con claridad, y no sube cuando usted se muestra preocupado, ni aparecen «trabajos adicionales» a mitad de camino. La segunda es la capacidad de decir que no, porque quien acepta cualquier caso está vendiendo, no evaluando. La tercera es la relación con el tiempo: un trabajo serio admite que usted se tome unos días, y quien le empuja a decidir esta misma semana le está quitando precisamente eso. La cuarta es el respeto por el terreno de los demás: quien trabaja con seriedad le remite primero al médico, al abogado o al asesor cuando el asunto les corresponde a ellos.

La quinta señal suele presentarse al revés. Los testimonios y los casos que se pueden leer no hablan a favor de quien los enseña: si alguien le cuenta hoy la situación de otra persona, ya sabe lo que hará mañana con la suya.

Queda un aviso que no admite excepciones: el anuncio de un resultado, antes o después de conocer el caso. Suele ser el primer peldaño de una escalada: después justifica un «refuerzo» de pago, y luego otro.

Existe además una prueba sencilla, al alcance de cualquiera. Antes de pagar a nadie en este terreno, puede hacer estas cinco preguntas y escuchar cómo se responden:

  1. ¿Quién, además de usted, leerá o sabrá lo que yo cuente?
  2. ¿Cuánto costará en total, qué incluye y durante cuánto tiempo?
  3. ¿Qué ocurre si usted no puede aceptar mi caso?
  4. ¿Qué debo hacer, mientras tanto, con mi médico, mi abogado o mi asesor?
  5. ¿Qué guardará de mí cuando terminemos?

Las respuestas que merecen confianza son cortas y concretas, y ninguna le pide que decida deprisa. Desarrollamos estas señales en la nota Cómo reconocer un trabajo serio en este terreno.

Preguntas frecuentes

¿Qué hace exactamente un consultor esotérico?

Escucha una situación concreta, evalúa si puede aportar algo y responde con claridad, con un sí o un no motivado. Si acepta, realiza un trabajo de naturaleza esotérica cuyo alcance, duración e importe se acuerdan antes de empezar, en paralelo a los abogados, asesores y médicos de quien consulta. Un consultor serio explica su método en privado antes de que usted pague nada, no sustituye a ningún profesional y deja las decisiones en manos de quien consulta.

¿Una consulta esotérica sustituye al abogado o al médico?

No. Todo lo que tenga una dimensión jurídica, fiscal, financiera o médica corresponde al profesional de esa materia, que interviene primero. Una consultoría esotérica seria no dice si un contrato es válido, no recomienda comprar ni vender y no se pronuncia sobre nada que toque a la salud. Trabaja en paralelo, cuando esos profesionales ya han hecho su parte y algo sigue abierto, y nunca le pedirá que deje de verlos.

¿Cuánto cuesta una consultoría esotérica privada?

Depende del caso, y por eso no hay tarifa publicada, pero el importe nunca llega por sorpresa. Presentar su situación no cuesta nada. Si el caso se admite, la primera consulta es de pago y su importe se comunica después de conocer el caso, nunca antes. Cualquier trabajo posterior tiene un importe cerrado, acordado antes de empezar, sin contador por minuto, sin suplemento por urgencia y sin añadidos a mitad de camino.

¿Es confidencial una consulta esotérica?

En una práctica seria, sí, y la confidencialidad se apoya en la organización más que en la buena voluntad. En Lex Fati conocen su situación dos personas, Tony Alcalá y Patty García; no hay secretaría, ni fichero de clientes, ni testimonios publicados, y no confirmamos a nadie que usted nos haya consultado. Ante cualquier profesional de este terreno, pregunte quién más leerá lo que usted cuente y qué se guarda cuando el trabajo termina.

¿En qué se diferencia una consultoría esotérica del coaching o de la consultoría de empresa?

Se diferencia en la naturaleza del trabajo: una consultoría esotérica pertenece al terreno de la percepción sensitiva y del trabajo energético, mientras que la consultoría de empresa y el coaching se apoyan en el análisis y en objetivos acordados. Un consultor de empresa examina cifras y procesos y formula recomendaciones; un coach le acompaña hacia objetivos que usted mismo define. Una consultoría esotérica no recomienda ninguna decisión de gestión ni fija objetivos. Se consulta cuando lo que queda abierto ya no es técnico, y las decisiones siguen siendo suyas.

¿Se puede hacer una consulta esotérica a distancia?

En parte, sí. El primer contacto se hace por WhatsApp o por teléfono, y una parte del trabajo puede hacerse a distancia. Cuando la presencia aporta algo, nos desplazamos personalmente a cualquier país, o le recibimos si lo prefiere; las fechas, el lugar y las condiciones de cada viaje se acuerdan en privado antes de salir. Lo que no proponemos es un viaje que no haga falta.

Si su situación lo requiere, preséntela.

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